martes, 18 de mayo de 2010

El mundo.es - Viagrazo en Tokio Hotel

Viagrazo en Tokio Hotel



Decía la canción que ‘los viejos rockeros nunca mueren’. Los ‘nuevos’ son, definitivamente, más tontos. ¿Qué fue de aquellas orgías desenfrenadas de sexo, drogas y rockanrol? Pues que han quedado relegadas a la memoria, como si se tratara de uno de esos oficios para el recuerdo: alpargatero, campanero, mulero… Vamos, que sólo ciertos personajes de la alta política, tipo Berlusconi y sus amiguitos, saben cómo organizar una fiesta en plan romano sin que les tiemble el pulso. El viernes pasado se supo que uno de los integrantes del grupo alemán para adolescentes ‘Tokyo Hotel’ había recibido atención médica en Taiwan por una sobredosis de Viagra.


Ni que decir tiene que en sus tiempos este chaval la habría palmado y se habría convertido en un mito del rock, en lugar de dar una entrevista haciendo pucheros y diciendo que la culpa de todo es de un chino malo que le vendió las pastillas en la calle. Dios mío, para lo que hemos quedado… ¿Por qué un chico de 20 años necesita Viagra para satisfacer a su legión de fans en las distancias más cortas? Pues seguramente porque toma otras sustancias que le dejan el miembro viril con la consistencia de un plátano pasado. Una cosa lleva a la otra. En cualquier caso, sabiendo la frenética actividad sexual del guitarrista, no estaría de más que alguno de sus cuidadores, asistente personal o responsable de la gira, le comprara las pastillitas en una farmacia en lugar de permitir que se meta en la boca cualquier porquería comprada en la calle o el mercado negro.

Aunque todavía hay algún despistado que piensa que la pastillita de marras actúa instantáneamente generando una erección incontrolable, como la poción mágica de Asterix en plan sexual, Viagra no funciona sin ningún tipo de estimulación erótica, algo no excesivamente complicado si hay buena predisposición psicológica, desde luego. Sea como sea, para muchos hombres sanos, que no presentan ningún problema real de disfunción eréctil, este tipo de medicamentos (al igual que sus parientes cercanos patentados por otros laboratorios como Cialis o Levitra) están empezando a convertirse en una especie de ayuda ideal, químicamente perfecta, para “cumplir” en la cama. La garantía del éxito asegurado. El problema que surge con todo este asunto es la dependencia psicológica que puede generar el uso lúdico de estos medicamentos para incrementar las prestaciones sexuales, como si se tratara de un complemento energético. Aunque oficialmente sólo se puede adquirir Viagra con receta médica y en la farmacia, lo cierto es que no resulta muy complicado comprarla en Internet (normalmente se trata de pastillas de dudosa procedencia o elaboración) o en ambientes nocturnos (al mismo camello que vende cocaína o éxtasis). Aún se desconocen los efectos que puede suponer para la salud a medio o largo plazo la combinación de Viagra con alcohol u otras drogas, aunque ya se ha detectado un aumento en el riesgo de contraer VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Es muy sencillo: mejor rendimiento sexual + sentidos alterados= más prácticas de riesgo.


Lo que sí acaban de descubrir unos científicos de la Universidad de Wisconsin es que Viagra hace más románticos a los hombres. Por lo visto, además de bloquear la enzima que limita el flujo de sangre hacia el pene consigue que los niveles de oxitocina se disparen. Dicha hormona suele promover sentimientos románticos y de unión con la pareja, por lo que podría demostrarse de manera científica por qué muchos hombres se enamoran después de tener sexo. Ya, seguramente muchos de vosotros estáis pensando en la cantidad de tíos que después de hacerlo ‘si te he visto no me acuerdo’, pero si lo dice la universidad de Wisconsin por algo será.

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